Consideraciones sobre el libro “La guerra como negocio”

Mi amigo Alberto me dijo que ya en uno de sus discursos finales, el entonces presidente de EE.UU. y uno de los generales que dirigieron a los Aliados en el teatro europeo de la Segunda Guerra Mundial –organizó el Desembarco en Normandía- Dwight D. Eisenhower (presidente de EEUU entre 1953 y 1961) avisó en uno de sus últimos discursos sobre el creciente poder de la industria militar y el peligro que podría suponer para la democracia. ¿Quién mejor que él para ser conocedor de tal realidad a principios de los años 60? Aunque viera las “orejas del lobo” seguramente no se podría imaginar exactamente cómo ocurriría esto y hasta qué punto influiría en la configuración de los conflictos internacionales del futuro.

Las empresas privadas militares suponen hoy una industria muy en alza. Tras los atentados a las Torres Gemelas del 11-S todas las acciones cayeron en picado, la incertidumbre y el miedo fueron las causas. En contraposición otro valor se vio beneficiado de ello; el negocio. Las acciones de las empresas privadas militares fueron las únicas que subieron… y mucho. El mismo día del atentado o un par de días después en los despachos del Ala Oeste de la Casa Blanca el entonces zar de la lucha antiterrorista, que había trabajado con George Bush padre, Bill Clinton y por último con George W. Bush, Richard A. Clarke, asistía atónito a una reunión en la que sin haberse confirmado la autoría material de los atentados aunque ya se supiera que Al Quaeda estaba detrás, se hablaba de la invasión de Iraq en el horizonte utilizando como pretexto dicho atentado (Clarke lo recoge en su libro “Contra todos los enemigos”).El entonces vicepresidente del gobierno de EEUU, Richard Cheney, quien también había sido Secretario de Defensa (Ministro de Defensa) con George Bush padre, había presidido una importante empresa militar privada, Halliburton, una de las mayores compañías que provee logística militar a los ejércitos, justo antes de entrar en el nuevo gobierno de George W. Bush. Por supuesto, ¿a quién podía beneficiar la guerra? A aquellas compañías privadas militares, como Halliburton, que cada vez están ofreciendo más servicios especializados a los ejércitos (como seguridad de los oleoductos petrolíferos, logística a los ejércitos, seguridad privada de miembros del gobierno, asesoramiento militar, entrenamiento de las fuerzas de seguridad irakíes, reclutamiento de antiguos miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad irakíes cuando Saddam gobernaba…).

Estas empresas privadas militares tienen cada vez una mayor fuerza. ¿Cómo? En primer lugar, a nivel económico estas empresas se han fusionado con otras grandes empresas de distintos sectores como la electrónica para luego salir a Bolsa. Los enormes beneficios que estas empresas tienen se ven reflejados, como ya he dicho antes en referencia al 11-S, en Bolsa, lo que hace que muchos inversores se sumen teniendo un efecto “boomerang”. Ed Soyster, general estadounidense retirado y portavoz de la empresa militar privada MPRI, expresó el acceso a capitales financieros de esta manera; “Dado que nuestra casa matriz, L-3, cotiza en la bolsa, existe una gran probabilidad de que todos los que hagan aportaciones a algún fondo de pensiones sean inversores de nuestra empresa”. Como pasó a funcionarios del Estado de California, cuyos planes de pensiones la administración puso en manos de compañías militares privadas. En segundo lugar, a nivel político estas empresas cuentan con asesores expertos como generales retirados que tienen un notable poder en los lobbies, y que cada vez más se han aliado con estas empresas.

Recientemente salió a la luz que numerosos colaboradores que salían en los medios de comunicación estadounidenses que defendieron en su día la invasión de Irak habían sido pagados por el Pentágono. 2+2… Las guerras ya vienen cocinadas desde estos grupos de presión financiados por las empresas privadas militares que tienen grandes intereses en los países en los que se hace la guerra. De ahí el título del libro que he comenzado a leer; “La guerra como negocio”.

Los ejércitos están delegando numerosas funciones a las empresas militares privadas en los actuales conflictos como ya he dicho. Los contratos que son inferiores a 50.000 mil dólares en EEUU el gobierno no tiene que demostrar con quién los ha hecho, por lo que en muchos subcontratas éstos van directamente a las empresas que abastecen, entre otras cosas, de agua o realizan el mantenimiento de aviones y demás medios de transporte del ejército. Según fuentes extraoficiales de los 40.000 millones de dólares que se invierten en defensa en EEUU la mitad va destinado a las empresas privadas.

Siempre he defendido el libre mercado pero con unos límites, pues está formado por intereses particulares poco espurios. Y en el mercado de la guerra se está haciendo NEGOCIO con vidas humanas. Estas empresas no tienen por qué garantizar del todo la seguridad, sólo si son bien pagadas, pues no tienen que contestar al control de las instituciones al depender sólo del derecho “industrial”. Y aun así, las empresas matrices se han ido a paraísos fiscales para no tener que responder ante nadie, para escapar del control fiscal. La falta de transparencia es una de sus principales características, lo que va en contra la democracia. La labor de la oposición es controlar al gobierno en el ejercicio de su poder, así como el de los medios de comunicación. Pero sin embargo, ¿quién controla a estas empresas? Un dato estremecedor, tras el escándalo de las torturas de Abu Grahib, se descubrió que quien había dado las órdenes de tortura a los policías militares que salían en las imágenes eran miembros de dos empresas militares privadas; Titan Corporation y CACI, pues casi la mitad de los treinta especialistas en interrogatorios que había en esa cárcel provenían de empresas privadas militares. Los torturadores fueron sentenciados a prisión durante varios años, quienes ordenaron esas torturas salieron impunes.

Muchos ejecutivos de estas empresas se niegan a responder sobre qué servicios en concreto están prestando alegando razones de seguridad. Pero nadie, ni ningún Parlamento, puede controlarlas. Defienden que luchan por la libertad y la democracia, que representan y velan por los intereses de los pueblos, pero éstos no cuentan con ninguna información seria de qué hacen exactamente. También que sólo negocian con instituciones reconocidas por la legalidad internacional y que cumplen ésta. ¿Y qué ha pasado con la Convención de Ginebra sobre los presos de guerra en Abu Grahib? Todas o la gran mayoría de ellas están en Iraq, cuando se trató de una guerra ilegal, de hecho con los 30.000 hombres de estas empresas que hay presentes en el país constituyen la segunda fuerza tras el ejército de EEUU. La resolución 1441 de Naciones Unidas datada del 2002 estipula que se sancionará económicamente a Irak si no permite a los inspectores realizar las labores de control sobre su armamento, y en su último punto –el 14- establece que “Decide seguir ocupándose de la cuestión”, es decir, que no se va a ir más allá dejando el tema para una nueva resolución. En ningún momento se habla de guerra; por ello lo aprobaron todos los países.

Y que estas empresas están haciendo un buen negocio de las guerras no lo dicen periodistas o “hippies trasnochados”, sino el propio Pentágono y el Tribunal de Cuentas de EEUU. El primero se queja de los precios que cobran estas empresas, pues en Irak están cobrando 2,27 dólares por galón de gasolina mientras que comprarlo allí cuesta 1 dólar, es decir, están cobrando casi un 130% más. Y al revistar sus cuentas internas descubrió que la empresa KPR había cobrado 10.000 comidas de más. El Tribunal de Cuentas de Estados Unidos llegó a la conclusión a partir de varias investigaciones que establecer los costos y el ahorro gracias a los contratos con las empresas militares privadas es imposible dada la escasez de datos fiables.

También hay que ver el papel de los Estados en estos turbios negocios. Mientras que en África en el territorio equivalente a Europa occidental se enviaron 6.000 soldados, en Irak fueron 200.000 soldados los empleados. En África el papel es bien distinto, en conflictos como la guerra civil de Sierra Leona estas empresas han facilitado armas a ambos bandos. En la isla de Boungaiville, con grandes explotaciones de cobre, comenzó en 1989 una guerra entre unas guerrillas rebeldes de un movimiento denominado Bra y el gobierno, entonces la empresa militar privada Sandline firmó un contrato con el gobierno para exterminar a esas guerrillas. Salió a la luz y Australia intervino para que esto no se llevara a cabo. Los gobiernos de Nueva Guinea y Bissau presionaron para que se echara del país a los 48 mercenarios que ya había allí. Entonces se celebró un juicio y ambos gobiernos tuvieron que indemnizar a dicha empresa porque el contrato estaba siendo cumplido “conforme a las reglas” –legislación industrial-. Numerosos son los materiales que se recogen en África para la construcción de productos como videojuegos de última generación, microchips… Y el papel de las multinacionales siempre ha sido el de explotar estos yacimientos, por lo que estas empresas que son también de seguridad garantizan dicha explotación.

Otro factor a tener en cuenta son los empleados. Son antiguos miembros del ejército, y mientras los Estados han invertido mucho dinero en su formación las empresas los contratan directamente cuando ya han recibido la formación y han cogido experiencia. También mientras los Estados han de invertir mucho dinero en mantenimiento estas empresas sólo tienen que gastar dinero en el tiempo que dure el contrato, por lo que no tienen que invertir grandes sumas en mantenimiento.

La transparencia y la soberanía popular son principios indisolubles en una democracia. Sin la garantía de estos principios se cae en la corrupción, el sistema degenera y valores como justicia son sustituidos por rentabilidad, negocio. Si sabes que una bestia es peligrosa y la alimentas en exceso puede acabar escapándose a tu control. Eisenhower ya avisó del peligro de esta “bestia”, que es el negocio de la guerra, y el actual sistema en que vivimos la está alimentando, esperemos que no degenere demasiado, pues ya se está escapando al control de los ciudadanos, y por tanto, se está convirtiendo en un peligro para la democracia.

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Acerca de luiscasas

Licenciado en Periodismo y Técnico Superior en Secretariado, me interesan temas de cultura general y actualidad
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4 respuestas a Consideraciones sobre el libro “La guerra como negocio”

  1. FRan dijo:

    DE ahi el dicho “no es oro todo lo que reluce”…

  2. rocio dijo:

    Algo parecido pasa aquí con los piratas de Somalia, las empresas de seguridad se están forrando de dinero, mientras que el gobierno no hace nada(aunque nunca ha sido famoso por que haga algo). En fin que el mundo es un asco y no lo dirigen los gobierno sino las empresas.
    UN GRAN ARTÍCULO LUIS

  3. cuadernointernacional dijo:

    Interesante post, Luis. Leía una entrevista al padre de J. F. Kennedy, cuando su hijo estaba en plena carrera por la presidencia, en la que comentaba que había deseado que uno de sus hijos se dedicara a la política, pues era la mejor forma de influencia en EE.UU, incluso por encima del poder empresarial…. o Joe Kennedy se equivocó o hemos retrocedido desgraciadamente… o sino que se lo pregunten a Cheney…

  4. MARCO dijo:

    EL OTRO DÍA HABLABA CON UNA AMIGA, ELLA DECÍA QUE LA GUERRA ES NECESARIA YO DEFINITIVAMENTE NO NO PUEDO CREER DESPUÉS DE HABLAR DE LOS ESTRAGOS DE LA GUERRA CON LOS DESPLAZADOS DE EL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO; QUE TRISTE ES SABER QUE A ALGUIEN LE FALTA LA COMIDA EN UN PAÍS DONDE EXISTE TANTA ABUNDANCIA, TANTOS PADRES MUERTOS POR LAS IDEOLOGÍAS DE OTROS, POR LOS INTERESES DE OTROS. HA HA Y SE ATREVEN A DECIR QUE ES NECESARIO QUE OTRO MUERA, QUE MUCHOS ESTÉN MAL POR QUE LA GUERRA ES NECESARIA PARA QUE ALGUNAS PERSONAS EN EL MUNDO ESTÉN MEJOR QUE TONTA ES MI AMIGUIS Y SUPONGO QUE TENDRÉ QUE SOPORTAR LA IGNORANCIA DE LOS AMIGOS PARA EVITAR MAS RAZONES TONTAS PARA LA GUERRA.

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